Hola, pues esta es mas o menos la secuela de Harry Potter, pero tomando como centro a los Malfoy. Empezaré dos días después de que acaba toda la guerra y eso. Publicaré todos los sábados y/o Domingos
Atte: Samantha
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PROV' Draco Malfoy
Me senté en una silla metálica junto con mi padre y mi madre. Unas cadenas cobraron vida y nos amarraron fuertemente. Miré al otro lado de la sala, donde Potter estaba sentado junto con la chica Weasley. Los dos estaban en cómodas butacas y ellos todavía llevaban sus varitas encima.
-Bien.-sonó una voz fría.- Se les acusa de aliación con El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado y de atentación contra la vida de Harry James Potter. ¿Tienen algo que decir?
-Nosotros lo ayudamos.-mustió mi madre.-Lo ayudamos, en serio.
-¿Harry?-sonó la voz fría y no me cupo duda que ése era otro fan de Potter. Creo que ya no había nadie en el mundo que no lo amara.
Potter se levantó forzosamente de la butaca con ayuda de la Weasley. Se acomodó bien las gafas y luego contestó.
-Sí, señoría.-dijo con su odiosa voz.- La señora Malfoy le mintió a Voldemort sobre de que yo estaba muerto cuando en realidad estaba vivo. Se lo agradezco
Potter inclinó la cabezota hacia mi madre y cuando ví que ella sonreía tuve ganas de gritar. Se suponía que yo sería el héroe, no Potter, cuando el Señor Tenebroso tirunfara. Me aguanté las ganas y seguí mirando al frente.
-Bueno, debemos deliberar. Por un lado está el ferviente apoyo en público a Ya-saben-quién, pero también está la repentina ayuda al señor Potter.
Los del Wizengamot juntaron las cabezas, lo que les costó bastantito, ya que eran como trescientos. Contuve las ganas de reírme cuando los más viejos soltaron quejidos cuando al agacharse les tronaba todo el esqueleto. Luego se retiraron a sus asientos y el mago de la voz fría habló.
-Los que estén a favor de cadena perpetua en Azkaban.
Me asusté cuando unos diez o venite levantaron la mano, pero luego recordé que eran más. Me relajé en mi asiento y las cadenas tintinearon.
-Los que estén a favor de la absolción de los cargos.
Unos doscientos magos levantaron el brazo y respiré tranquilo. Las cadenas se soltaron y nos pudimos levantar mientras el mago nos declaraba absueltos. Luego salimos de la sala, seguidos por Potter y Weasley. Le susurré algo a mi madre y me aparté hasta que Potter pasó.
-¿Puedo hablar contigo?-dije intentando sonar cortés.
Potter le hizo una seña a Weasley de que siguiera y se apartó. Nos quedamos en una esquina.
-¿Por que lo hiciste?-le dije.-Hubieras podido mandarnos a la cárcel si quisieras.
-Yo no miento Malfoy.-dijo él cerrando los puños y las cicatrices de Umbridge brillaron.
-Pues, mira, lo cierto es que no te tengo ninguna estima, pero espero que podamos llevarnos cordial ¿Sí? Un descanso.-le dije sin creer que hubiera caído tan bajo.
-Está bien.-contestó.
-Gracias.-le dije y cuando me voltee, Potter alzó la mano.
Comprendí lo que quería hacer y no con cierto disgusto, alcé la mano también y se la estreché. Luego los dos nos separamos y cada quién se fue por su lado.
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Diecinueve años después. p.d.(agregue un personaje)
Estaba en el andén con Scorpius, mientras mi hija menor, Samantha, sollozaba colgada del carrito de su hermano.
-Yo quiero ir.-dijo ella.-Scor, méteme en el baúl.
-Lo haría, pero ya no hay espacio.-alardeó Scorpius.
-Bueno, te veré ahí cuando cumpla once.-dijo Sam mientras soltaba el carrito.
-Apenas tienes siete. Faltan cuatro años, jaja.-se rió Scorpius.
-Niños.-los reprendió Pam mientras pasábamos la barrera.
Había conocido a Pam en un el ministerio. Sí, aunque no lo pareciera, ahora era jefe de Seguridad Mágica y todo gracias a Potter. Creo que le debía mucho en la vida. Aunque no se podría decir que eramos amigos, por lo menos yo había superado mi odio. Hasta me había invitado a su boda con Ginny Weasley. A través del humo, lo alcancé a ver de refilón, con los Weasley y los dos hijos más pequeños. Subí a Scorpius al adén, el cual desaparecío después de unos instantes. Cuando logré ver, estaba invitando a pasar a la chica de los Weasley y al hijo de Potter a su compartimiento. El chico de Potter se veía realmente mareado. Samantha corrió a saludar a su hermano mientras se iba y la perdí de vista. Me acerqué a Harry y a Ginny y los saludé, mientras los demás Weasley se iban con su hijo menor.
-Señor Potter.-dije pomposamente mientras estiraba la mano.
-Señor Malfoy.-me dijo meintras me la tendía también.
Nos echamos a reír en medio del saludo, de tan raro que se veía ahora que no estabamos en el ministerio. Pam se acercó a hablar con Ginny y escuché retazos de información sobre que la bajista de las brujas de Macbeth estaba de vacacciones en Hawaii.
-¿Cómo te va?-le dije.
-Bien, bien, tu sabes, me espera un día lleno de lloriqueos de Lily por no ir a Hogwarts.
-Tu sabes bien que a mí igual. Samantha no para ni un momento. Ahí viene. Y esa es Lily ¿no?-dije señalando a dos pequeñas niñas que caminaban furiosas.
-Ojalá y que se pongan el sombrero y les diga que no son magos.-dijo Samantha con amargura.
-Sería chistoso verlos regresar con cara de no soy mago.-se rió Lily.
-Papá, puedo invitar a Lily a jugar quiditch? Sí?-preguntó Samantha.
-Sí, por favor.-saltó Lily.
-Por mí no hay problema.-respondí mirando a Potter.
-Sólo si aceptan un reto.-les dijo Potter.-Adultos contra niños. Ginny, Draco, Pam y yo contra ustedes dos.
-Aceptamos.-dijeron las niñas riendo.
Me preparé para lo que sería un año muy movidito.